Seis en el segundo lugar habita el tiempo de Zhun con naturaleza maleable e yin; aunque tiene su correspondencia legítima arriba, se ve apremiada por la firmeza de Nueve al comienzo, por lo que retrocede en la dificultad tal como reza el texto.
Monta a caballo queriendo partir, anhelando seguir a su correspondencia legítima, pero de nuevo vacila y no puede avanzar. Bān encierra el sentido de apartarse: apearse del caballo y distanciarse de él.
El seis en el segundo lugar, en esta época difícil, aunque no puede salvarse por sí misma, reside en el centro y guarda la rectitud, teniendo correspondencia arriba sin perder el sentido del deber.
Sin embargo, al hallarse tan próxima al trazo inicial, el yin es lo codiciado por el yang y lo maleable es avasallado por lo firme; siendo dócil en plena dificultad, le cuesta sostenerse y además se ve apremiada por el yang firme: de ahí el apuro.
De no verse acosada por la aflicción del salteador, partiría en pos del desposorio: el desposorio es la correspondencia legítima, mientras que el salteador es aquel que llega contra toda razón.
El seis en el segundo lugar guarda la centralidad y la rectitud y no transige indebidamente con Nueve al comienzo; por eso no se desposa.
Manteniendo su fidelidad inmutable, al cabo de diez años, cuando la dificultad llega a su extremo y forzosamente se abre paso, alcanza su correspondencia legítima y se desposa para dar fruto.
Si una doncella, con toda su docilidad yin, es capaz de preservar su lealtad y con el tiempo salir adelante, ¡cuánto más el noble que preserva el Tao sin claudicar!
Podría preguntarse: siendo Nueve al comienzo un hombre sabio, firme y recto, ¿por qué actúa como salteador apremiando a los demás?
Se responde: esto se formula exclusivamente desde la perspectiva del seis en el segundo lugar, que siendo maleable está cerca de lo firme; no entra a juzgar la virtud intrínseca de Nueve al comienzo. Tales son los criterios con que el I Ching toma sus imágenes.