El Nueve en el cuarto lugar representa el apogeo de la revolución.
Su firmeza yang es el talento para revolucionar; salir del cuerpo inferior y avanzar al cuerpo superior es el momento de la revolución; residir en el límite entre el agua y el fuego es la fuerza propicia de la revolución; obtener una posición cercana al soberano es la encomienda de la revolución; no tener abajo atadura ni correspondencia es la determinación de la revolución; siendo un nueve que ocupa el cuarto lugar, la conjunción mutua de lo firme y lo flexible es el uso de la revolución.
Al poseer el cuarto puesto tales atributos, puede decirse que coincide con el tiempo de la revolución. Solo después de que un asunto genera motivos de arrepentimiento se lo revoluciona, y al revolucionarlo con acierto, el arrepentimiento desaparece.
Siendo oportuna la revolución, todo reside en afrontarla con suma sinceridad; por ello, «si hay confianza, cambiar el mandato trae ventura». Cambiar el mandato es cambiar lo dispuesto, es decir, revolucionarlo.
Siendo los asuntos apropiados y extirpados los males, si se procede con sinceridad, los de arriba confiarán y los de abajo obedecerán, conociéndose así su ventura. Si el cuarto no es ni central ni correcto, ¿por qué alcanza la suprema bondad?
Se responde: únicamente porque mora en la docilidad; por tanto, es firme sin excederse, cercano sin presionar, y acata y sostiene a un soberano central y correcto; en verdad es una persona central y correcta.
El I Ching adopta los significados sin una regla inmutable: se acomoda según el tiempo.