Al ser firme sobre una posición yang y hallarse en el tiempo del poderío, además de encontrarse al término del cuerpo de Lo Creativo, encarna el extremo de la fuerza.
Llegado este vigor a tal extremo, en el hombre vulgar se manifiesta como uso de la fuerza, y en el noble como uso de la red.
El hombre vulgar privilegia el vigor físico y por ende utiliza su ímpetu y valentía; el noble tiene una voluntad firme y por ello recurre a la red: red significa nada, semejante a desdeñar, pues debido a su extrema firmeza mira los asuntos con desdén y sin temor ni miramiento alguno.
«Noble» y «hombre vulgar» se dicen aquí por la posición: como cuando el noble tiene valor pero carece de justicia y engendra desorden.
Si firmeza y blandura guardan el centro, no se quiebran ni se doblegan, y aplicadas al mundo resultan en todo convenientes; mas si la firmeza es desmedida, faltará la virtud de la docilidad armoniosa, causando muchos daños sin hallar aliados: perseverar con terquedad en esto es el sendero del peligro.
Todo ser hace uso de su fuerza: los que tienen dientes muerden, los que tienen cuernos embisten y los que tienen cascos cocean; el carnero tiene la fuerza en su cabeza y le place embestir, por lo que se toma como imagen.
Al carnero le agrada embestir los setos porque estos se interponen ante él: embistiendo cuanto halla a su paso y complaciéndose tanto en el uso de la fuerza, irremediablemente enredará y maltratará sus cuernos; del mismo modo, quien ensalza la dureza y el vigor y los aplica a todo sin freno, acabará sin falta abatido y en apuros.
Siendo el poder del tres tan desmedido, ¿por qué no llega a la desgracia? Se responde: la conducta del tres bastaría para acarrear desgracia, mas aquí solo se declara su peligro antes de que esta sobrevenga.
Siempre que algo puede suscitar desgracia pero aún no ha llegado a consumarse, se dice que es peligroso.