Del carnero solo se toma su afán de emplear la fuerza; por ello también se aplica a una línea yin. El seis, siendo yin, ocupa el final del Trueno y coincide con el extremo del poderío, por lo que su error salta a la vista.
Como un carnero que embiste un seto: al avanzar su cuerpo queda atascado, y al retroceder sus cuernos se enganchan; ni avanzar ni retroceder le es posible. Su talento es en verdad yin y blando, incapaz de sobreponerse a sí mismo para abrazar el deber: por eso no puede retroceder.
Quien es blando y yin, aunque extreme su afán de mostrar poder, jamás podrá sostenerlo hasta el final: ante cualquier tropiezo se encoge; de ahí que no pueda consumar el avance. Siendo tal su proceder, nada de cuanto emprenda le será propicio.
Quien siendo blando e yin se halla en el tiempo del poderío no puede sostener su puesto con firmeza; mas si se topa con dificultades y apuros, sin duda depondrá su fuerza, y al perder la fuerza recuperará la condición propia de su debilidad: por ende, en la dificultad halla la ventura.
Usar la fuerza resulta desfavorable; reconocer la penuria y mantenerse en la blandura trae ventura. Hallarse al término del poderío entraña el principio de la transformación.