Yichuan YizhuanTexto de la línea
Seis en el quinto puesto mora en la posición del soberano para contener y refrenar la maldad perversa del mundo.
Si entre las incontables muchedumbres brotan pasiones aviesas, pretender reprimirlas por la pura fuerza, aunque medie un código riguroso y severos castigos, no logrará doblegarlas.
Mas las cosas poseen un principio rector y los acontecimientos tienen momentos coyunturales: si el sabio domina lo esencial, verá los corazones de millones como un solo corazón; si los guía, avanzan; si los detiene, se apaciguan; y así gobierna sin fatiga.
Su aplicación es como los colmillos del jabalí castrado. El jabalí es fiera impetuosa y sus colmillos son lacerantes; si se intenta sujetar a la fuerza sus colmillos, el esfuerzo será extenuante sin apagar su furia, y aun amarrándolo y encadenándolo no cambiará su instinto.
Mas si se le castra extirpando su fiereza seminal, aunque conserve los colmillos su ímpetu bravío cesará espontáneamente: tal es su proceder, y por ello engendra ventura.
El noble desentraña el sentido del jabalí castrado y comprende que la maldad del mundo no se vence por la sola fuerza; escruta el momento decisivo, ase lo primordial y extirpa la raíz de origen: sin necesidad de leyes penales rigurosas, la maldad se extingue por sí misma.
Consideremos el reprimir el robo: el pueblo abriga deseos y se conmueve ante la ganancia; si no se le educa y se ve acosado por el frío y el hambre, por más que a diario se aplique la pena de muerte, ¿cómo se doblegarán los apetitos de millones de seres?
El sabio conoce el camino para contener el mal: no ensalza el rigor de los suplicios, sino que cultiva el gobierno moral y la instrucción, procurando que tengan faenas agrícolas y comprendan el decoro y la vergüenza; de suerte que, aunque se les premie por robar, no lo harán.
Por consiguiente, la vía para erradicar el mal reside tan solo en conocer la raíz y asir lo sustancial.
No aplicar castigos allá e instaurar el buen gobierno acá equivale a temer la agudeza de los colmillos del jabalí no atacando sus defensas, sino castrando su virilidad impetuosa.