El segundo puesto es detenido y contenido por el seis en el quinto lugar: las circunstancias le impiden avanzar. El cinco se apoya en el poderío de ocupar la cumbre: ¿cómo osaría desafiarlo?
Aunque el dos posee una sustancia firme y vigorosa, ocupa la senda del medio, por lo que su avance y su detención no erran el momento adecuado.
Aunque abrigue el deseo de avanzar, al sopesar que la situación no lo permite, se detiene y no marcha, tal como a un carruaje se le desprenden las abrazaderas del eje, lo cual significa que no puede rodar.
La Imagen dice: «Al carruaje se le desprenden las abrazaderas del eje»: al estar en el medio, carece de reproche.
Que al carruaje se le quiten las abrazaderas y no ruede se debe a que mora en la senda central y sus movimientos no pierden la oportunidad debida; por ende, carece de falta o reproche.
Ningún bien supera a la firmeza centrada; la maleabilidad centrada tan solo evita caer en el exceso de blandura, mas la firmeza centrada aúna el centro con el talento.
Nueve al comienzo no obtuvo la posición central, por lo que se le advierte del peligro y la conveniencia de desistir; el dos posee el centro, de suerte que su avanzar y detenerse están libres de error; por ello solo se dice que al carruaje se le desprenden las abrazaderas, denotando su capacidad para no andar.
Al no andar, no hay reproche.
El comienzo y el dos pertenecen a la sustancia firme y vigorosa de Qian, pero son incapaces de avanzar; el cuatro y el cinco son yin y maleables, mas logran detenerlos: el auge y la decadencia de los tiempos, la fuerza y la debilidad de las circunstancias, son cuestiones que el estudioso del Cambio debe comprender con hondura.