Nueve en el quinto lugar obtiene la posición de honor y habita en el centro y la rectitud; agota la excelencia de la vía de la alegría.
Con todo, el sabio vuelve a disponer la advertencia del peligro; pues incluso en el esplendor de Yao y Shun jamás faltaron advertencias: simplemente se advierte lo que demanda ser advertido.
Aunque haya santos y sabios en lo alto, en el mundo jamás faltan hombres vulgares; mas estos no osan desatar su maldad, y el sabio también se complace en que puedan esforzarse y mudar de semblante.
Aquellos hombres vulgares no ignoran que se puede complacer a los sabios, tal como los Cuatro Malvados estuvieron en la corte de Yao ocultando su perversidad y acatando las órdenes.
El sabio no ignoraba su maldad final; se limitaba a aprovechar que temían el castigo y se forzaban a la benevolencia.
Si el quinto confía de corazón en la falsa bondad del hombre vulgar tomándola por bondad genuina, sin percatarse de lo que oculta en su interior, es el camino del peligro.
Respecto al hombre vulgar, si la prevención no es rigurosa, dañará a los virtuosos; la intención del sabio al advertir es profunda.
«Bō» (La disgregación) es el nombre de la mengua del yang: el yin mengua al yang, refiriéndose a Seis en la cima; por eso, tener confianza en la disgregación acarrea peligro.
Porque el quinto está en el tiempo del complacer y se halla en íntima Adyacencia con Seis en la cima, se formula esta advertencia. Aun con la santidad de Shun, este temía las palabras artificiosas y el semblante adulador; ¿cómo no habría de prevenirse?
El modo en que el complacer embauca a las personas se insinúa con facilidad y es así de temible.