La Recta Interpretación dice: «Duì es regocijo complaciente», define el nombre del hexagrama.
«Firme en el centro y flexible en el exterior, complace y es propicia la perseverancia»: esto explica el sentido de «La alegría (lago): éxito; es propicia la perseverancia» a partir de que el dos y el cinco son firmes y ocupan el centro, mientras que el seis arriba y el seis en el tercer lugar son flexibles y moran en el exterior.
Aunque externamente se manifieste una complacencia suave, la virtud interior es firme y recta, impidiendo que anide la lisonja perversa. Y aunque interiormente se posea firmeza y rectitud, el porte exterior es dulce y afable, alejando el temor al atropello y a la violencia.
Precisamente por reunir firmeza interior y flexibilidad exterior, auxiliándose mutuamente dentro y fuera, se alcanza el éxito de la complacencia y la conveniencia de la perseverancia.
La Recta Interpretación dice: Dilucida con amplitud el sentido del regocijo aludiendo a la concordancia entre el Cielo y el hombre.
El Cielo posee virtud firme pero sabe obrar con suave templanza, siendo firme sin perder la complacencia armoniosa; actuar ahora con complacencia y perseverancia es someterse por arriba al Cielo.
El corazón de los hombres se alegra con los dones bienhechores: ser capaz de deleitar a los hombres mediante la generosidad es responder por abajo a la humanidad.
La Recta Interpretación dice: Desde «alegrando al pueblo se le pone a la vanguardia, y el pueblo olvida su fatiga», se ensalza la trascendencia de lo que engendra el regocijo, al tiempo que se explicita la regla para sintonizar con los hombres: si primero se consuela y alienta al pueblo con afecto bienhechor y solo después se le encomiendan las labores, todos se entregarán con denuedo olvidando el cansancio de la tarea; por eso se dice «alegrando al pueblo se le pone a la vanguardia, y el pueblo olvida su fatiga».
«Alegrándolo para arrostrar el peligro, el pueblo olvida la muerte»: si primero se reconforta y premia al pueblo con generosidad complaciente y luego se le llama a encarar la adversidad, todos ofrendarán sus vidas sin temer a la muerte; por ello se afirma «alegrándolo para arrostrar el peligro, el pueblo olvida la muerte».
Prodigar la complacencia entre los hombres suscita tales frutos; ¿cómo no habría de ser inmensa la senda del regocijo, capaz de mover al pueblo a darlo todo con fervor? Por eso se concluye: «¡Cuán grande es el regocijo que alienta al pueblo a esforzarse!».