La segunda y la quinta línea son correspondencia debida y están llamadas a unirse; no obstante, en tiempos de división y contraposición, la vía de la correspondencia entre yin y yang decae y los recelos mutuos entre lo blando y lo firme cobran fuerza.
Quien estudia el Libro de los Cambios, al comprender esto, sabrá cómo adaptarse a las transformaciones. Por tanto, aunque el dos y el cinco sean recta correspondencia, habrán de buscarse mediante hábiles rodeos.
El dos, dotado de la virtud firme y central, mora abajo y responde arriba a su señor en el seis en el quinto lugar: si sus caminos coinciden, sus voluntades se pondrán en obra y culminarán la proeza de superar la división; empero, residiendo en época de desencuentro, sus lazos no son todavía firmes y el dos debe esforzarse con tacto buscando el encuentro con la esperanza de concertar la unión; de ahí que se diga: «Encuentra a su señor en un callejón».
Solo si logra concertarse quedará libre de falta: el distanciamiento entre soberano y ministro acarrea culpas mayúsculas. El callejón es un sendero tortuoso y angosto; el encuentro denota coincidir oportunamente.
Ha de buscar el contacto a través de rodeos discretos con miras a concurrir y unirse a él.
Cuando se habla de proceder mediante rodeos discretos, se alude a emplear métodos nobles adaptándose con sutileza para hacer posible la coincidencia; en modo alguno significa torcer los propios principios ni rebajar la virtud.