El seis en el quinto puesto ocupa el trono soberano con debilidad yin; en plena época de El entusiasmo, se hunde en los placeres y es incapaz de sostenerse por sí mismo.
El ejercicio del poder y la lealtad de las masas convergen enteramente en el cuatro; la fuerza yang del cuatro, habiéndose ganado a la multitud, no puede ser gobernada por un monarca frágil entregado al deleite.
Se trata de un soberano débil e impotente dominado por un ministro que acapara el poder. Al conservar el trono legítimo se dice «perseverancia»; al verse sometido por los inferiores padece zozobras y amarguras: de ahí la «dolencia».
El seis ocupa la posición suprema: aunque haya extraviado el poder real, aún no ha perdido el trono; por eso se dice «perseverancia con dolencia, mas no muere jamás», indicando que en medio de la perseverancia padece enfermedad, y estando crónicamente enfermo no llega a perecer, a semejanza de los monarcas de las postrimerías de las dinastías Han y Wei.
No es una sola la senda por la que los gobernantes acarrean la ruina, mas el apego al deleite es la más frecuente.
En el cuatro no se censura la pérdida de rectitud, mientras en el cinco se advierte el asedio y la coacción ajena: el cuatro originariamente no incurre en falta, por lo que en él se destaca la virtud del ministro que asume los asuntos del imperio; mas en el cinco se describe al monarca débil que no puede valerse y ve escapar de sus manos la autoridad soberana; cada uno toma su sentido según la posición de la línea y por eso difieren.
Si el cinco no perdiera la dignidad regia y el cuatro rigiera El entusiasmo, se trataría de encomendar la tarea al hombre idóneo para gozar en paz de sus frutos, como hicieron Tai Jia o el Rey Cheng.
En La insensatez juvenil también una línea yin ocupa el puesto supremo y el dos, con su firmeza yang, es el rector del hexagrama; sin embargo, en aquel caso hubo ventura y aquí dolencia, porque las épocas son distintas: en la inexperiencia juvenil es natural depender del auxilio ajeno; mas abandonarse al deleite y transferir el mando a otros es el camino de la ruina y la muerte.
Así, la correspondencia en La insensatez juvenil es una sabia delegación, mientras que la presión mutua en El entusiasmo entraña el despojo del poder, máxime cuando los corazones de arriba y abajo se entregan por entero al cuatro.