Se excava la tierra del foso y se acumula para erigir la muralla, al igual que se consolidan las virtudes de gobierno para alcanzar La paz; mas al agotarse La paz, se revierte en El estancamiento, tal como la tierra del muro se desmorona y vuelve a llenar el foso.
Seis en la cima marca el término de La paz; hallándose un hombre vulgar en esa posición, la ruina es inminente.
«No emplees el ejército»: la razón por la cual un soberano puede movilizar a su pueblo es que los sentimientos entre altos y bajos se comunican y los corazones le siguen; mas tocando a su fin La paz y perdiéndose su armonía, el contacto se quiebra, los ánimos se dispersan y el pueblo ya no obedece: ¿cómo podría emplearse la fuerza armada?
Emplearla no traería sino caos. No pudiendo servirse de las masas, solo cabe proclamar órdenes entre los allegados más próximos; mas aunque tales edictos fuesen justos, no dejarán de causar vergüenza y tribulación.
El feudo propio se refiere al círculo íntimo; en general, las ordenanzas deben comenzar por los más cercanos.
En los fallos que dictan «la rectitud trae desgracia» o «la rectitud trae humillación» hay dos sentidos: uno indica que obstinarse en mantenerse acarrea daño o bochorno; el otro advierte que, aun cuando se actúe con rectitud, el pesar es insoslayable.
Si aquí no se dice desgracia sino humillación, es porque proclamar mandatos cuando el colapso ya es un hecho resulta penoso en verdad, mas El estancamiento no fue provocado por tales ordenanzas.