La liberación en el Orden de los Hexagramas: El obstáculo (hexagrama 39) significa dificultad; mas las cosas no pueden permanecer en dificultad indefinidamente, por eso le sucede La liberación.
No existe principio según el cual las cosas queden en dificultad para siempre; cuando la dificultad llega a su extremo, forzosamente se dispersa. Liberar significa dispersar; por ello sucede a El obstáculo.
Como hexagrama tiene a Zhèn (El trueno) arriba y a Kǎn (El agua) abajo: Zhèn es movimiento y Kǎn es peligro. Moverse fuera del peligro es salir de él; por eso constituye la imagen de la dispersión de penalidades y aflicciones.
Asimismo, Zhèn es trueno y Kǎn es lluvia; el desencadenarse del trueno y la lluvia surge del estímulo mutuo entre el yin y el yang, que fluyen en armonía y se distienden serenamente: de ahí La liberación.
La liberación es el tiempo en que las calamidades y aflicciones del mundo se dispersan. El sudoeste es la dirección de Kūn; la naturaleza de Kūn es vasta, llana y apacible.
Cuando la dificultad del mundo recién se disuelve y el pueblo apenas comienza a apartarse de la penuria, no debe goberrnársele de nuevo con exigencias gravosas y severas urgencias; conviene remediarlo con generosidad, benevolencia, llaneza y simplicidad: eso es lo apropiado.
Siendo así, los corazones de los hombres se apegan y hallan sosiego; por eso es propicio el sudoeste.
Tang desterró la tiranía de Jie y gobernó con indulgencia; el rey Wu castigó la crueldad de Zhou y abolió las políticas de Shang: ambos siguieron la vía de la generosidad y la llaneza.
«Si ya no hay adonde ir, el regreso trae ventura; si hay adonde ir, apresurarse trae ventura»: no tener adonde ir significa que las penalidades del mundo ya se han dispersado y no queda acción apremiante por emprender; tener adonde ir alude a que aún restan asuntos que requieren ser resueltos.
En el mundo y en los Estados, los desastres y aflicciones nacen necesariamente tras haberse relajado y corrompido las normas fundamentales y las leyes; cuando el sabio ya ha resuelto las dificultades y todo reposa en paz y quietud, de modo que ya no hay adonde ir, debe restaurar la vía del buen gobierno, enderezar los principios cardinales, esclarecer las normas y recuperar el orden de los reyes esclarecidos del pasado: eso es el regreso, es decir, retornar al principio recto, lo cual constituye la ventura del mundo.
«Su» (la partícula) es un término introductorio.
Desde la antigüedad, cuando los reyes sabios socorrían las calamidades y pacificaban el desorden, al comienzo no tenían tiempo para apresurarse en estas reformas; mas una vez establecida la estabilidad, construían un gobierno perdurable y continuable.
A partir de los Han, disipado el desorden, no emprendieron más obras, limitándose a sostener la situación conforme al momento; por ende, no pudieron consumar un gobierno eminente, pues ignoraban el sentido del regreso.
«Si hay adonde ir, apresurarse trae ventura» significa que, si aún quedan asuntos por resolver, acometerlos temprano es lo que trae ventura.
Aquello que debiendo resolverse no se elimina temprano volverá a cobrar fuerza; los asuntos que renacen, si no se atienden de inmediato, crecerán gradualmente; por ello, la prontitud trae ventura.