Que quien debe llevar fardos a la espalda viaje además montado en carruaje es algo abominable y feo.
Al ocupar una posición que no le pertenece, con una virtud que no corresponde al rango de su dignidad, el arribo de bandoleros y armas es algo que él mismo ha provocado: ¿a quién habrá de culpar?
El sabio, en el Gran Tratado, esclareció la causa de atraer a los bandoleros diciendo: ¿Acaso quien creó los cambios conocía a los ladrones? Los ladrones acuden aprovechando las debilidades y fisuras; si no hubiera brechas ni resquicios, ¿cómo podrían asaltar?
Cargar fardos es tarea de hombres ruines; viajar en carruaje es propio de los nobles. Que un ruin use el vehículo del noble no es algo en lo que pueda sostenerse en paz; por tanto, los ladrones aprovechan la falla para despojarlo.
Que un hombre vil ocupe el puesto de un noble es algo que no puede tolerar con mesura; por ello se llena de arrogancia, menosprecia a sus superiores y veja a sus inferiores; los ladrones, entonces, aprovechan sus excesos y maldades para castigarlo: castigarlo es proclamar su culpa.
Los ladrones son quienes irrumpen con violencia desenfrenada. Si las riquezas se guardan con descuido, es incitar a los ladrones a robarlas; si una mujer engalana su rostro con lascivia, es incitar a los disolutos a forzarla.
Que un ruin monte en el vehículo del noble es convocar a los ladrones a despojarlo: todo ello es lo que se llama buscarse la desgracia por propia cuenta.