El cuerno es algo duro que remata la cabeza de los seres; el nueve arriba mora en el extremo superior del gua, por lo que toma el cuerno como imagen.
Al ocupar la cúspide con una línea yang, representa el colmo de la firmeza y, hallándose en la cima de «El progreso», es el colmo del avance.
Cuando la firmeza llega a su extremo, incurre en los excesos de la violencia impetuosa; cuando el avance llega a su extremo, cae en el error de la prisa atropellada. Con una dureza extrema volcada al avance sin freno, la pérdida del justo medio es mayúscula.
En nada es admisible obrar así, salvo únicamente para someter la propia ciudad: entonces, aun con peligro, habrá ventura y estará libre de falta. Castigar las cuatro regiones es gobernar lo exterior; castigar la ciudad donde se reside es gobernar lo interior.
Hablar de castigar la propia ciudad alude al autogobierno interno. En el gobierno de sí mismo, a mayor firmeza, más inquebrantable adhesión a la Vía; a mayor empuje en el avance, más rápida enmienda hacia el bien.
Empleada para la propia disciplina, una naturaleza como la del nueve arriba, aunque peque de severidad rigurosa, depara ventura y queda libre de falta. El rigor áspero no es el camino de la armonía serena, mas en el gobierno de sí rinde grandes frutos.
Y vuelve a decir «la perseverancia trae mezquindad» para agotar el sentido: extremar la rigidez en el avance, aun logrando méritos en la propia corrección, dista de la virtud del equilibrio y la armonía; por tanto, en el camino de la perseverancia recta, es algo censurable.
No apartarse del centro y de la rectitud es la verdadera perseverancia.