Quien en el tiempo de La preponderancia de lo grande pretenda erigir magnas hazañas y consumar colosales empresas, si no aúna firmeza y suavidad en el justo medio ni busca el concurso ajeno para sostenerse, jamás lo logrará.
Al pecar de excesiva dureza y altivez, no se puede comulgar con los demás; si ni las empresas cotidianas pueden realizarse en soledad, ¡cuánto menos los asuntos de La preponderancia de lo grande!
Con todo el talento de un sabio, aun en materias insignificantes acude sin falta a otros; al asumir las grandes cargas del mundo, esto resulta por demás evidente.
El Nueve en el tercer lugar, siendo un yang en el gran exceso, insiste en afianzarse en la rigidez sin poseer el centro: es la dureza en grado extremo.
Obrando con una firmeza desmedida, se aparta de la armonía central y choca contra el corazón de las multitudes: ¿cómo podría soportar la responsabilidad de La preponderancia de lo grande?
No pudiendo sostener su cometido, es cual viga que se comba y derriba la morada, de donde sobreviene la desdicha. Se toma la viga por imagen porque, al carecer de apoyos, no puede resistir el grave peso.
Acaso se objete: «La tercera línea integra el cuerpo de Xun y se corresponde con la superior; ¿acaso no ostenta la imagen de emplear la suavidad?».
A esto se responde: quienes discurren sobre el Yi aprecian sopesar el balance de las fuerzas y discernir las mutaciones de los tiempos.
La tercera línea habita en el exceso y ejerce la pura dureza; habiendo concluido Xun y comenzando la mudanza, ¿dónde cabría ya la vía de la suavidad?
La correspondencia exige la concordancia de voluntades; hallándose la tercera en una terquedad desmedida, ¿cómo podría la superior sujetar su ánimo?