La línea inicial, siendo yin y suave en el cuerpo de Xun y ocupando el puesto inferior, peca por exceso de prudencia y temor.
Por hallarse lo dócil en la base, surge la imagen de tender esteras de juncos bajo los objetos: no colocarlos directo en el suelo, sino interponer juncos, es extremar el cuidado; por ello no hay falta.
Aunque el junco como materia es liviano y tenue, su uso puede ser de gran peso, pues con su empleo se consuma el camino del respeto y la precaución. Quien guarde con celo este método en su proceder, ¿cómo habría de errar? Tal es la aplicación de La preponderancia de lo grande.
El Gran Tratado (Xici) dice: «Si se pone en el suelo, bien estaría; mas tender juncos debajo, ¿qué falta entrañaría? Es el colmo de la precaución. El junco como cosa es tenue, pero su empleo puede ser de gran trascendencia; aplicando este arte al avanzar, nada se perderá».
Alude al cenit del respeto y la prudencia. Siendo el junco una materia en extremo modesta, puede no obstante aplicarse con suma gravedad: usarlo de estera y ofrenda encarna la vía de la reverente cautela, y en ello reside su noble empleo.
Que el hombre peque por exceso de reverencia y prudencia no es cosa difícil, y le permite asegurar su paz y mantenerse libre de error. Si sabe atesorar este proceder y extenderlo a sus actos, nada habrá de perder.