Desde «Dice el Tuan» hasta «sin culpa».
La Glosa Correcta dice: «Fu: éxito» significa que al retornar el yang hay éxito; por ello explica el éxito enlazándolo con el retorno.
«Lo firme regresa, se mueve y actúa con docilidad»: arriba explica el sentido de «Fu: éxito» y abajo el principio de «entrar y salir sin aflicción, vienen compañeros sin culpa»; por eso añade «por eso en las entradas y salidas no hay aflicción, y los compañeros vienen sin culpa».
La Glosa Correcta dice: «El soplo yang termina de despojarse» alude al lapso que va desde que el yang concluye su despojo total hasta que el soplo yang retorna, transcurriendo en total siete días.
Al examinar el sentido del comentario de Wang Bi, desde que el soplo yang se despoja por completo hasta que regresa, transcurren en total siete días; su comentario es diáfano.
Eruditos como Chu y Zhuang sostienen que desde el quinto mes, cuando nace un yin, hasta el undécimo mes, cuando nace un yang, pasan siete meses; y que se dice «siete días» en vez de «meses» para destacar que el crecimiento del yang ha de ser veloz, mudando la palabra mes por día.
Ahora bien, Fusi (Wang Bi) habla desde que «termina de despojarse» hasta que «llega el retorno», indicando que desde el agotamiento total hasta el regreso median siete días. Si se contara a partir del quinto mes, ¿cómo podría decirse «comienza a agotarse»?
Además, el hexagrama Lin también representa el crecimiento del yang y menciona ocho meses; siendo Fu también el crecimiento del yang, ¿por qué habría de cambiar únicamente aquí a meses por días?
Al examinar el sentido del comentario, ciertamente rechaza tal idea y adopta la doctrina del Yiwei de los «seis días y siete décimos», coincidiendo con la explicación de Zheng Kangcheng, aunque abrevia el texto sin detallarlo.
El Yiwei Jilantu señala: «El soplo de los hexagramas comienza en La verdad interior (Zhōng Fú)».
Por ello Li, Kan, Zhen y Dui presiden cada uno una dirección cardinal; los restantes sesenta hexagramas poseen seis líneas cada uno y cada línea rige un día, sumando trescientos sesenta días.
Restan cinco días y un cuarto de día: cada día se divide en ochenta partes; cinco días suman cuatrocientas partes, y el cuarto de día suma veinte partes, dando un total de cuatrocientas veinte partes.
Al distribuirlas entre sesenta hexagramas, seis por siete son cuarenta y dos, correspondiendo a cada hexagrama siete partes; esto es, cada hexagrama recibe seis días y siete décimos.
El agotamiento del soplo yang en el hexagrama Bo ocurre a finales del noveno mes; en el décimo mes corresponde actuar al puro Kun (Lo Receptivo). El hexagrama Kun dispone de seis días y siete décimos.
Al concluir Kun, llega el yang del hexagrama Fu; de suerte que desde el despojo total hasta el retorno del yang media el único hexagrama de Kun con sus seis días y siete décimos. Tomando la cifra redonda, Fusi afirma: «en total siete días».
«Ir y venir» encierra el sentido de entrar y salir: ir es entrar y volver hacia adentro; venir es, tras haber vuelto, ascender nuevamente. La Glosa Correcta dice: «Va y viene por su camino; al séptimo día habrá de regresar.
Es el curso del Cielo»: con el curso del Cielo se explica el principio de «va y viene por su camino; al séptimo día habrá de regresar». Se afirma que el ir y el volver concuerdan con su debido camino. Regresar puntualmente a los siete días impide que se dilate en el tiempo.
Tal es el movimiento propio del Cielo. Tras extinguirse el soplo yang del Cielo, no transcurren más de siete días sin que el soplo yang vuelva a nacer: esto responde al orden natural del Cielo; por ello se dice «el curso del Cielo».
La Glosa Correcta dice: con «el crecimiento de lo firme» se dilucida el significado de «es propicio tener adónde ir». «¿Acaso en Fu no se hace visible el corazón del Cielo y de la Tierra?».
La Glosa Correcta dice: esta frase elogia y esclarece el sentido del hexagrama Fu.
El Cielo y la Tierra sustentan a los diez mil seres teniendo la quietud por corazón: no actúan y las cosas actúan por sí mismas; no engendran intencionalmente y las cosas nacen por sí mismas; inmóviles y en silencio, tal es el corazón del Cielo y de la Tierra.
En la imagen de este hexagrama Fu, el movimiento reposa en el seno de la tierra; el trueno yace bajo la tierra, aquietado y sin moverse: este sentido de calma y quietud asemeja al corazón del Cielo y de la Tierra.
Al contemplar esta imagen de Fu, se hace visible el corazón del Cielo y de la Tierra. El Cielo y la Tierra carecen de un rector consciente, ¿cómo habrían de tener un corazón humano?
Valiéndose del corazón en los asuntos humanos, se toma prestada la figura del Cielo y de la Tierra para mostrar la ley.
En cuanto al comentario: «Fu es el retorno al origen... las diversas especies no podrían subsistir conjuntamente».
La Glosa Correcta dice: «Fu es el retorno al origen» significa que antes se partió alejándose del lugar de origen y ahora se vuelve de nuevo a él; a esto se le llama «retornar al origen». «El Cielo y la Tierra tienen por corazón el origen»: «origen» alude a la quietud.
Significa que el Cielo y la Tierra permanecen en silencio inmóvil; tal es tener «el origen por corazón». Siempre que el movimiento cesa, sobreviene la quietud; mas la quietud no es un mero opuesto del movimiento.
En el movimiento del Cielo y de la Tierra, la quietud es la raíz y el movimiento es la rama: la quietud ocupa la mayor parte del tiempo, y el movimiento solo una pequeña parte.
Si tras moverse brevemente se detiene, regresa a la quietud; esta quietud no depende de oponerse al movimiento, pues como raíz primordial existe de manera natural y no nace por contraste con el movimiento; por eso se dice «la quietud no es un opuesto del movimiento».
«Cuando la palabra cesa, sobreviene el silencio; pero el silencio no es un opuesto de la palabra»: hablar es el movimiento de la voz; callar es la quietud de la boca. Cuando no se habla, el silencio es constante.
No es que frente al habla surja el silencio, pues movimiento y quietud, palabra y silencio, poseen naturalezas distintas; de ahí que se diga «no es un opuesto».
Cuando expresa: «por vastos que sean el Cielo y la Tierra, colmados de diez mil seres, con el rugir del trueno y el soplo del viento obrando infinitas transformaciones», se refiere al movimiento del Cielo y de la Tierra.
Al afirmar que «la nada suprema y el reposo absoluto son su verdadero origen», entraña dos sentidos: primero, que aunque los diez mil seres se muevan en el exterior, el Cielo y la Tierra permanecen en quietud suprema en su interior; lo exterior es la rama y lo interior es la raíz, denotando que el Cielo y la Tierra obran sin designio deliberado.
Segundo, que aunque el trueno ruja y el viento sople en mil mutaciones y diez mil cambios, una vez que el trueno y el viento cesan y la transformación se detiene, todo vuelve al reposo absoluto y a la nada.
«Si tuvieran por corazón el ser fenoménico, las diversas especies no podrían subsistir conjuntamente»: cuando se tiene por corazón la nada, el yo y las cosas se armonizan por igual y no hay distinción entre lo cercano y lo distante; así no se daña a las distintas especies y unas y otras hallan sosiego.
Pero si se tuviera por corazón el ser fenoménico, la afirmación de mi propio yo no podría alcanzar a las cosas, y la propia condición de las cosas no podría ampararse en mí; los seres padecerían daño y no lograrían subsistir conjuntamente.