El texto de la línea, en el comienzo de la Restricción, aconseja mantener una guardia vigilante; por eso dice que no salir al patio interior libra de falta.
La Imagen, temiendo que los hombres se apeguen rígidamente a la literalidad de las palabras, lo esclarece de nuevo diciendo que, si bien corresponde vigilar y no salir del patio de la puerta, es imperativo discernir cuándo el tiempo es propicio y cuándo se halla obstruido.
Si está expedito se actúa, si está obstruido se detiene; cuando el deber exige salir, entonces se sale. La terquedad de Wei Sheng, quien al subir las aguas no se marchó y murió ahogado, obedeció a que ignoraba cuándo avanzar y cuándo detenerse.
Por ello el noble persevera en la rectitud pero no se ata a una fidelidad ciega.
El Gran Tratado (Xici) interpreta esto refiriéndose exclusivamente a las palabras, pues en lo que el hombre debe moderar solo cuentan la palabra y la conducta: si modera sus palabras, su conducta podrá inferirse, y la palabra siempre debe preceder.