Ninguna contemplación es más clara que la que se hace desde la cercanía. El cinco, firme, yang, central y recto, ocupa la posición soberana: es un monarca sabio.
El cuatro se halla en íntima proximidad y contempla directamente su camino; por eso se dice «contemplar el resplandor del reino», lo que significa ver la plenitud de la virtud y la gloria del país.
No alude a la sola persona del monarca sino al reino entero, pues al hablar de un soberano no basta con mirar su conducta individual, sino que debe observarse el influjo de su gobierno en el imperio; así se hace visible su virtud.
Aunque el cuatro es yin y blando, forma parte de Lo suave (viento) y ocupa su posición correcta; próximo al soberano, contempla su ejemplo y sabe acatarlo con docilidad.
«Es propicio ser recibido como huésped del rey»: cuando un soberano virtuoso gobierna en la cumbre, los hombres de talento y virtud anhelan acudir a la corte para apoyarlo y pacificar el imperio.
Habiendo contemplado la virtud del monarca y el esplendor de la gobernanza del país, conviene presentarse como huésped ante la corte real para poner su sabiduría al servicio del rey y esparcir los beneficios sobre el imperio; por eso se dice que «es propicio ser recibido como huésped del rey».
En la antigüedad, cuando había hombres de virtud esclarecida, los soberanos los acogían con los honores debidos a un huésped; de ahí que ingresar al servicio en la corte recibiera el nombre de ser huésped.