Desde «El Comentario del Tuan dice: El entusiasmo, lo firme halla respuesta y la aspiración se cumple» hasta «¡cuán grande!». El Comentario Zhengyi dice: «El entusiasmo: lo firme halla respuesta y la aspiración se cumple; se mueve con docilidad: tal es El entusiasmo».
«Lo firme» alude al nueve en el cuarto puesto; «halla respuesta» alude al seis al comienzo. Habiendo correspondencia mutua entre yin y yang, «la aspiración se cumple». Esto explica el sentido de El entusiasmo atendiendo a las líneas.
«Moverse con docilidad»: Kun está abajo, lo que es docilidad; Zhen está arriba, lo que es movimiento. Moverse con docilidad engendra El entusiasmo. Esto explica el sentido del hexagrama según las dos figuras componentes. Hasta aquí se dilucida el principio de El entusiasmo.
«En El entusiasmo se mueve uno con docilidad; por ello el Cielo y la Tierra obran en consonancia, ¡cuánto más al instaurar príncipes y poner en marcha tropas!»: esto explica «es favorable instituir príncipes feudales y mover ejércitos».
Si el sabio actúa en armoniosa docilidad, coincide con la virtud del Cielo y de la Tierra, y por ello el Cielo y la Tierra actúan tal como el sabio lo hace.
Siendo el Cielo y la Tierra tan sublimes, inmensos y remotos, y sus misterios tan difíciles de alcanzar, aun así obran en concordancia, ¡cuánto más ha de ocurrir al investir vasallos feudales o marchar en campaña militar! Si lo arduo ya secunda, lo sencillo resulta evidente.
Si al instaurar príncipes se actúa con movimiento dócil, los hombres obedecerán; si al mover ejércitos se procede con movimiento dócil, las masas seguirán.
El Cielo y la Tierra se mueven con docilidad, por lo que el Sol y la Luna no yerran en sus cursos y las cuatro estaciones no se desvían. De aquí en adelante se pondera ampliamente la eficacia del movimiento dócil en el Cielo, la Tierra y el sabio.
Si el Cielo y la Tierra se mueven con docilidad, los astros no cometen faltas y siguen sus sombras y grados, y las cuatro estaciones no sufren anomalías, alternando frío y calor a su debido tiempo.
«Si el sabio se mueve con docilidad, las penas y castigos son límpidos y el pueblo se somete»: si el sabio se mueve conforme a la razón y a la docilidad, no perdonará al culpable ni castigará ciegamente al inocente, por lo que los castigos serán diáfanos.
Estando las penas ajustadas a la justicia, los hombres se someten.
«¡Cuán grande es el sentido del tiempo de El entusiasmo!»: es una exclamación de encomio ante la bondad de El entusiasmo, afirmando que en el tiempo del regocijo y la holgura, su significado es verdaderamente inmenso. Esto constituye la alabanza al hexagrama.
Cuando las palabras no bastan para agotar la idea, no conviene abundar en discursos prolijos; se suspira en alabanza para manifestar el sentir, moviendo a los venideros a meditar en lo implícito, aprehendiendo la idea y olvidando las palabras.
Hay tres formas de ensalzar los hexagramas: primera, alabar directamente el tiempo, como en «¡grande es en verdad el tiempo de La preponderancia de lo grande!»; segunda, alabar el tiempo junto con su aplicación, como en «¡grande es la aplicación en el tiempo del peligro!»; tercera, alabar el tiempo y su sentido, como en «¡cuán grande es el sentido del tiempo de El entusiasmo!».
La estructura de cada hexagrama simboliza su tiempo propio; los tiempos conocen de adversidades y de llanezas, y los hechos no responden a un único patrón; de ahí que las líneas, al avenirse al momento, unas traigan desdicha y otras ventura.
La vida del hombre en el mundo es semejante: a veces halla tiempos de orden, a veces tiempos de caos; el saber retirarse o actuar para preservar la propia persona: ¿acaso es esta una senda menor? Por eso se exclama «¡cuán grande!».
Mas aunque los vaivenes temporales sean múltiples, en sustancia no salen de cuatro especies: primera, el tiempo de orden, como la época de «nutrir» en Las comisuras de la boca; segunda, el tiempo de desorden, como la época de La preponderancia de lo grande; tercera, el tiempo de dispersión y desahogo, como la época de La liberación; cuarta, el tiempo de mudanza y transformación, como la época de La revolución (muda).
Por ello se citan los tiempos de estos cuatro hexagramas como motivo de alabanza, deduciéndose de allí los restantes. Al hablar de «aplicación», se refiere a la conveniencia de adaptarse al momento oportuno.
Aun sabiendo lo difícil que es habitar el tiempo y que el asunto no es menor, se ignora con qué medios emplearlo; por ende, en los tiempos de Lo abismal (agua), La oposición y El obstáculo conviene valerse de nobles y no de hombres vulgares.
Servirse del peligro para cruzar a salvo no ha de ser constante: sopesar con acierto es el gran compendio de la aplicación en el tiempo; citados estos tres hexagramas de aflicción, los demás se comprenden por analogía.
Y al decir «sentido», la glosa al hexagrama El encuentro apunta: «Siempre que se dice sentido, es que no se agota en lo visible y encierra una significación más honda». Significa que en tales tiempos reside un sentido especial.
Aclarando someramente los tiempos del deleite placentero, de seguirse y encontrarse mutuamente, del ocultamiento y del viajar como forastero, en estos cinco hexagramas su sentido no es pequeño, entendiéndose así los demás.
Son doce los hexagramas aquí alabados que bastan para iluminar el gran principio y engrandecer la misteriosa verdad. En las alabanzas finales del Tuan que proclaman «¡cuán grande!», suman doce hexagramas en total.
Cuatro de ellos —El entusiasmo, El viajero, La retirada y El encuentro— dicen todos «el tiempo y el sentido». Conforme a la glosa de El encuentro: «Siempre que se dice sentido, es que no se agota en lo visible y encierra una significación más honda».
Según esto, en cada uno de estos cuatro hexagramas sus principios no se han consumado del todo, pues albergan intenciones residuales que no se pueden manifestar plenamente, llamándoseles en conjunto «sentido».
El hexagrama El seguimiento también menciona el «sentido», aunque su texto discrepa ligeramente de los cuatro: en aquellos se dice «el tiempo y el sentido», mientras en El seguimiento se formula como «el sentido de seguir el tiempo»; no solo contiene una significación singular, sino que asume la acción de adaptarse al momento cambiante, variando a «¡cuán grande es el sentido de acomodarse al tiempo!».
Los tres hexagramas La oposición, El obstáculo y Lo abismal (agua) proclaman «el tiempo y la aplicación». La glosa a La oposición señala: «En el tiempo del distanciamiento y la oposición, no es algo de lo que el hombre vulgar pueda valerse».
El obstáculo dice igualmente: «No es algo de lo que el hombre vulgar pueda valerse».
Que estos dos hexagramas digan «¡cuán grande!» alude a que solo el gran hombre puede servirse de ellos; no albergando otro sentido oculto, y pudiendo ser aplicados únicamente por el gran hombre, se enuncia «aplicación» y no «sentido».
La «aplicación en el tiempo» de Lo abismal difiere algo de La oposición y El obstáculo; por ello su glosa advierte: «No es un empleo ordinario, sino una aplicación reservada a la ocasión propicia».
El trance abismal y peligroso exige ser empleado cuando el momento lo demanda para reportar gran provecho, coincidiendo en el término «aplicación temporal» con La oposición y El obstáculo, mas con matiz distinto.
La liberación, La revolución (muda), Las comisuras de la boca y La preponderancia de lo grande dicen escuetamente «el tiempo», sin mentar «sentido» ni «aplicación».
La glosa a La liberación explica que al disolverse la dificultad ya no se trata de resolver el conflicto, por lo que no se habla de «aplicación».
Su naturaleza se agota en el nombre mismo de La liberación sin guardar recónditos misterios, por lo que no se formula como «sentido»; aludiendo sencillamente al «tiempo», al indagar el nombre del hexagrama la idea queda colmada sin dejar significados residuales.
Y como el asunto implicado en el nombre ya se ha ejecutado y no precisa de un uso ulterior, en La liberación, La revolución y Las comisuras de la boca, consumada la acción, huelga mentar la «aplicación».
Solo La preponderancia de lo grande nombra el «tiempo» con la glosa: «Es el tiempo en que el noble emprende grandes obras», difiriendo en su lógica de La liberación, La revolución y Las comisuras de la boca: siendo una época de valiosa aplicación, se nombra solo «tiempo» porque en el vocablo «preponderancia de lo grande» se agota el concepto sin dejar cabos sueltos, omitiéndose «sentido» y abreviándose «aplicación».