En el Orden de los hexagramas de La resolución (ruptura): «Acrecentar sin tregua conduce forzosamente a la ruptura; por eso le sigue La resolución (ruptura)». «Guai» equivale a decidir o quebrar.
Llegado al límite el aumento, es forzoso que rompa para que luego se detenga; los principios no admiten un incremento perpetuo: aumentar sin pausa desemboca en la ruptura. Por ello La resolución (ruptura) sucede a El aumento.
Como hexagrama, tiene a La alegría (lago) arriba y a Lo Creativo (Cielo) abajo; considerando ambos cuerpos, el agua del lago represada se ha elevado hasta la cumbre suprema, brindando la imagen de una crecida a punto de desbordar y quebrar los diques.
Considerando los trazos, cinco trazos yang avanzan desde abajo aproximándose a su apogeo, mientras un solo yin arriba va menguando hasta quedar al borde de la extinción: la multitud de trazos yang asciende para cortar y desterrar a ese único yin, y de ahí La resolución (ruptura).
La resolución encierra el sentido de una determinación firme: la muchedumbre de nobles progresa con el fin de expulsar resueltamente a un hombre vil; es la sazón en que la senda del noble florece y la del hombre mezquino declina hacia su extinción definitiva. Peligro.
Cuando el hombre vil goza de su apogeo y la vía del noble aún no ha prevalecido, ¿cómo podría este desterrarlo a las claras valiéndose de la rectitud? Debe entonces contenerse, ocultar su brillo y aguardar el momento propicio, urdiendo paulatinamente el modo de debilitarlo.
Mas ahora que el hombre mezquino se halla exánime y la senda del noble está en todo su esplendor, corresponde proclamar la causa abiertamente en la corte pública a fin de que todos distingan sin equívoco el bien del mal; por eso se dice «se proclama en la corte del rey».
La buena fe que habita en el interior es la sinceridad íntima.
El clamor es el llamado que convoca a la multitud: aunque la vía del noble esté boyante, no osa olvidar la guardia y la prudencia; por ende, advierte con suprema sinceridad a la multitud haciéndoles saber que aún acechan caminos peligrosos.
Pues aun cuando con este vigor desbordante se acometa la expulsión de una debilidad agonizante, si se toma a la ligera y se descuidan las defensas, se padecerán arrepentimientos imprevistos; reconociendo que subsiste un riesgo real y manteniendo un corazón vigilante y temeroso, se conjurará toda zozobra.
¡Cuán honda es la cautela dispuesta aquí por el sabio! Al gobernar al hombre ruin a causa de su iniquidad, el noble ha de vencerlo y transformarlo indefectiblemente mediante su propia excelencia moral.
Por ello, el sabio, al sofocar el desorden, comienza siempre por corregirse a sí mismo, como Shun al desplegar su virtud cultural. «Notificar a la propia comarca» es comenzar por gobernarse a uno mismo.
Frente a la plenitud de los cinco trazos yang decidiendo sobre un solo trazo yin, la fuerza ciertamente sobra; mas no debe extremarse la firmeza hasta caer en el exceso desmedido, pues tal desmesura equivaldría al nueve arriba del hexagrama La insensatez juvenil actuando como un bandolero.
Las armas bélicas atañen al poder de la fuerza bruta; «no es propicio recurrir a las armas» señala que no conviene dar primacía a la violencia marcial: «recurrir» es seguir, es decir, seguir la vía armada dando prioridad a la fuerza bélica.
«Es propicio tener hacia dónde ir»: aunque el yang resulte vigoroso, aún no ha colmado la cima; y aunque el yin sea diminuto, resta todavía por ser erradicado; esto demuestra que aún queda un vestigio del hombre vil y que la vía del noble no ha alcanzado la plenitud total.
Por tanto, es propicio avanzar y marchar adelante; mas no exaltar la fuerza violenta y hacer avanzar la rectitud moral constituye la excelencia de La resolución (ruptura). El Dictamen dice: La resolución (ruptura) significa decidir; lo firme corta y decide sobre lo blando.
Fuerte y complaciente, resolutivo y armonioso. La resolución tiene por principio la decisión resuelta: cinco trazos yang cortan al único yin superior.
Fuerte y complaciente, resolutivo y armonioso describe el talento del hexagrama a partir de sus dos trigramas componentes: abajo es fuerte y arriba complaciente, lo cual significa ser fuerte a la vez que complaciente, capaz de cortar con firmeza manteniendo la armonía; tal es la suprema perfección de la resolución.
La alegría (lago) y la complacencia constituyen la armonía. En la corte del rey: lo blando cabalga sobre cinco firmes. Aunque lo blando se halla en trance de extinción, al ocupar la cima de cinco trazos firmes presenta todavía la imagen de cabalgar sobre ellos y ultrajarlos.
Que el yin cabalgue sobre el yang constituye una anomalía mayúscula; teniendo el noble el poder suficiente para desterrarlo, debe pregonar sus faltas a la vista de todos en la gran corte de la dinastía regia para que la muchedumbre distinga la virtud del vicio.
El clamor confiado entraña peligro: ese riesgo deviene resplandeciente. Exhortando a la multitud con entera veracidad y haciendo que todos conozcan el peligro y mantengan la cautela, la senda del noble quedará libre de sobresaltos y resplandecerá grandiosamente.
Notificar a la propia comarca, no es propicio recurrir a las armas: lo ensalzado tocaría a su fin. Conviene comenzar gobernándose a uno mismo y no entregarse ciegamente a la firmeza bélica; de recurrir a las armas, aquello que se ensalza tocaría a su colmo y ruina.
En el tiempo de La resolución (ruptura), lo ensalzado alude precisamente a la fuerza marcial. Es propicio tener hacia dónde ir: el crecimiento de lo firme alcanza su culminación.
Aunque la firmeza yang prospere, su ascenso aún no ha terminado del todo; resta todavía un trazo yin que debe ser resueltamente cercenado. Logrado esto, la vía del noble será pura y única, libre de cualquier amenaza lesiva: tal es la consumación del crecimiento de lo firme.