En la Secuencia de los Hexagramas de Gu se expresa: «Quien con agrado sigue a los hombres, forzosamente topará con asuntos; por eso le sucede Gu». Se toma el sentido de ambos hexagramas para establecer su orden.
Aquel que con complacencia sigue a los demás se verá envuelto sin falta en tareas; de no haber tareas, ¿qué motivo habría para el regocijo o para el seguimiento? He aquí por qué Gu sucede a El seguimiento. Gu significa tarea o asunto.
Gu no se define propiamente como asunto en sí, sino como la presencia de tareas que reclaman atención.
En cuanto a su figura, hay viento al pie de la montaña: cuando el viento se topa al pie del monte, rebota sobre sí mismo y agita las cosas en confusión, siendo esta la imagen de Gu.
El sentido de Gu es descomposición y desorden; en su grafía se compone de gusanos sobre un cuenco: que un cuenco críe gusanos denota ruina y podredumbre.
La Crónica de Zuo dice: «El viento desgaja la montaña; la mujer seduce al varón: la doncella mayor se somete al muchacho joven, perturbando sus afectos».
El viento encuentra la montaña y gira sobre sí, trastornándolo todo; tal es la imagen de tener que afrontar tareas; por eso se dice: «Gu son las tareas». Una vez producida la corrupción, ocuparse de ponerle remedio constituye asimismo una tarea.
Por las imágenes del hexagrama se muestra la causa de la ruina; por los talentos del hexagrama se expone el modo de repararla. Habiendo sobrevenido la decadencia, existe el principio ineludible del restablecimiento del orden.
Desde antiguo, todo buen gobierno nace a raíz del caos; del desorden brota la ordenación: así es la naturaleza de las cosas. Si se emplean las virtudes de este hexagrama para remediar la corrupción, se podrá alcanzar un éxito supremo.
Las mayores tareas ante la descomposición radican en salvar a la época de sus asperezas, peligros y escollos; por ello se dice: «Es propicio cruzar las grandes aguas».
Jia es el primero de los signos numerales celestes y el comienzo de las obras; al igual que en la designación de las ramas y troncos terrestres, las órdenes principales y los mandatos supremos llevan la primacía de Jia, señalando el origen de las empresas.
El camino para remediar la descomposición exige meditar en lo que precede y en lo que sucede por espacio de tres días: deducir los antecedentes y prever las consecuencias constituye la senda para corregir los males de manera duradera.
«Tres días antes de Jia» significa escudriñar con antelación las razones por las cuales las cosas llegaron a tal estado; «tres días después de Jia» significa sopesar lo que habrá de suceder para anticipar el porvenir.
Un día, dos días, hasta llegar a tres días, denota la hondura de la reflexión y la amplitud de miras. Al escudriñar las causas, se conoce la manera de remediarlas; al anticipar el curso venidero, se conocen los métodos de prevención.
Quien sabe enmendar con destreza extirpa los males pretéritos; quien sabe prevenir con acierto perpetúa los beneficios futuros: así obraron los reyes sabios de la antigüedad para renovar al mundo y legar su obra a la posteridad.
Quienes en épocas posteriores intentaron remediar la decadencia ignoraron la advertencia del sabio sobre los tres días antes y después de Jia; sus miras fueron superficiales y sus miras inmediatas, por lo cual se agotaron en vanos intentos de salvar a su era sin lograr extirpar el desorden, y antes de ver coronada su obra, nuevos vicios habían florecido ya.
Jia es el origen de las empresas; Geng es el origen de las transformaciones.
Para la instauración de leyes, ritos e instrucción se emplea la metáfora de Jia señalando el principio; para la promulgación de órdenes y mandatos se recurre a la figura de Geng, pues Geng entraña cambio y alteración.