La Merma en el Orden de los Hexagramas: La liberación implica distensión y desahogo; mas la excesiva distensión forzosamente acarrea pérdidas, por eso le sucede La Merma.
Relajarse con desenfreno produce indefectiblemente pérdidas, y la pérdida es mengua; por ello La Merma sucede a La liberación.
Como hexagrama tiene a Gèn arriba y a Duì abajo: la montaña es alta y el lago es hondo; cuanto más hondo es el fondo, más alta se alza la cima: he aquí el sentido de disminuir lo inferior para aumentar lo superior.
Asimismo, hallándose el lago al pie de la montaña, sus vapores ascienden y humedecen a las hierbas, los árboles y a los cien seres: esto es mermar lo inferior para beneficiar a lo superior.
Además, abajo está Duì, que es regocijo; sus tres trazos responden hacia arriba: complacerse en sostener a los superiores es también el sentido de mermar lo inferior para favorecer lo superior.
Por otra parte, que el trigrama inferior se constituya en Duì se debe a la transformación del seis en el tercer lugar; que el trigrama superior se constituya en Gèn proviene de la transformación del nueve arriba: el tercer trazo era originariamente firme y se volvió blando, y el superior era blando y se volvió firme: también encierra la idea de disminuir lo de abajo para acrecentar lo de arriba.
Cuando se disminuye lo superior para enriquecer lo inferior, sobreviene El aumento (hexagrama 42); cuando se toma de lo inferior para engrosar lo superior, sobreviene La Merma.
Quienes están por encima de los hombres, si derraman sus gracias hacia abajo, aumentan; mas si esquilman a sus subordinados para enriquecerse a sí mismos, merman.
Tómese el ejemplo de amontonar tierra: rebajar la cumbre para ensanchar y robustecer los cimientos hace que tanto arriba como abajo permanezcan firmes y seguros: ¿cómo no habría de ser un aumento?
Mas si se socava la base para aumentar la altura de la cumbre, el peligro del derrumbe no tardará en llegar: ¿cómo no habría de ser una merma? Por tanto, La Merma encierra el sentido de menguar lo inferior para engrosar lo superior; El aumento es todo lo contrario.
Merma es disminución. Reprimir los excesos para ajustarse a la recta justicia y a la razón: tal es en todo la vía de la merma. La vía de la merma requiere forzosamente poseer sinceridad y confianza (youfu), lo que alude a una suprema sinceridad conforme a la razón natural.
Si se merma en conformidad con la razón, habrá suprema bondad y ventura; lo que se disminuya no tendrá desviación ni exceso, podrá mantenerse con firme perseverancia y será propicio emprender algo.
Lo que los hombres merman a menudo peca por exceso o por defecto, o carece de constancia: nada de ello concuerda con la recta razón ni posee sincera confianza; y careciendo de sincera confianza no hay ventura sino culpa, no es camino susceptible de perseverancia y no debe ponerse en práctica.
La merma disminuye el exceso para aproximarse al justo medio; cercena lo superficial y secundario para restituir lo fundamental y auténtico.
Los sabios consideraron que la sobriedad es la raíz de los ritos; por eso, al dilucidar el sentido de la merma, lo ejemplifican con las ofrendas sagradas.
Entre los ritos sagrados, las ceremonias del culto son las más fastuosas; no obstante, tienen por raíz la sincera reverencia: la abundancia de protocolos y la multitud de ofrendas sólo sirven para adornar ese corazón sincero y devoto.
Si los adornos rebasan la sinceridad, se cae en la falsedad; cercenar los adornos sirve para preservar la sinceridad. Por ello se dice: «¿Qué se ha de emplear?
Dos pequeños cuencos pueden usarse para la ofrenda»: la modestia de dos pequeños cuencos basta para el sacrificio, manifestando que todo reside en la sinceridad y que la sinceridad es la raíz.
Ningún daño bajo el cielo deja de originarse en el triunfo de lo accesorio sobre lo esencial: los techos encumbrados y los muros labrados nacen de las moradas; los estanques de vino y los bosques de carne nacen del comer y el beber; las penas crueles y despiadadas nacen de los castigos; el agotar las armas y prodigar la guerra nacen de las expediciones militares.
Todo exceso de los deseos humanos tiene su raíz en el sustento de la propia persona; cuando sus ramificaciones se extienden a lo lejos, se convierten en calamidades.
Que los antiguos reyes fijasen las raíces obedecía a la razón celeste; que las generaciones posteriores se extraviasen en las ramas obedece al apetito humano. El sentido de la merma no es otro que menguar los deseos humanos para restablecer la razón celeste.