La Caldera en el Orden de los Hexagramas: Nada transforma y renueva las cosas como la caldera, por lo que es sucedida por La caldera.
La función de la caldera reside en revolucionar las cosas: transforma lo crudo en cocido y muda lo duro en tierno; y aunque el agua y el fuego no pueden cohabitar, logra que se aúnen para servir a un fin útil sin dañarse mutuamente: he aquí su capacidad de revolucionar las cosas.
Por esta razón La caldera sigue a La revolución (muda). Siendo el hexagrama Li arriba y Xun abajo, se constituye en La caldera adoptando su imagen y su sentido.
Para tomar su imagen existen dos vías: considerando la estructura entera, las líneas que se afianzan abajo son las patas, la firmeza central es el vientre —imagen de albergar las viandas en su interior—, las que se yerguen enfrentadas arriba son las asas, y la que cruza horizontalmente por encima es el travesaño: tal es la imagen de la caldera.
Considerando ambos cuerpos, arriba y abajo, el centro vacío superior sostenido por patas abajo constituye asimismo la imagen de la caldera.
Tomando su sentido, representa la madera que avanza hacia el fuego: Xun es penetrar, con el significado de acatamiento dócil; aproximar la madera al fuego encierra la imagen de atizar la llama.
Los usos del fuego se limitan a asar y cocer; para asar no se requiere vasija, de ahí que se tome la cocción para configurar la caldera: atizar el fuego con la madera de Xun ofrece la imagen de cocer los alimentos.
Para fabricar utensilios se toma su imagen; ¿acaso se configuró el hexagrama tomando como modelo el utensilio? Se responde: la fabricación de utensilios se inspira en las imágenes; las imágenes residen en los hexagramas, mas el hexagrama no necesariamente precede al utensilio.
Los santos confeccionaron los aperos sin aguardar a ver los hexagramas para conocer sus imágenes; mas dado que la muchedumbre no alcanza a comprender las imágenes, se trazaron los hexagramas para mostrárselas: la precedencia temporal entre el hexagrama y el utensilio no menoscaba su sentido.
Alguien podría objetar: la caldera no es una figura natural, sino una obra humana. Se responde: ciertamente es obra humana; mas cocer los alimentos transforma las materias, y poseyendo tal forma se vuelve apta para su uso: esto no es mera invención humana, sino principio natural.
Lo propio acontece con El pozo. Aunque el apero preceda al hexagrama, lo que se adopta es la imagen del hexagrama, y el hexagrama a su vez se vale del utensilio para ilustrar su sentido.
Se alude a los talentos del hexagrama: reuniendo los atributos del hexagrama puede alcanzarse la suprema prosperidad. El texto debiera decir únicamente «suprema prosperidad»; la palabra «ventura» es una interpolación errónea.
Que las dotes del hexagrama alcancen la suprema prosperidad no implica necesariamente la suma ventura; además, el Comentario Tuan menciona tan solo la «suprema prosperidad», evidenciando que aquel carácter sobra. El Comentario Tuan dice: La caldera es una imagen.
Que el hexagrama sea La caldera se debe a que adopta la imagen de la caldera; y que la caldera sea un utensilio obedece a que imita la imagen del hexagrama. Existiendo la imagen se crea el utensilio, y el hexagrama vuelve a valerse del utensilio para expresar su doctrina.
La caldera es una vasija insigne y un tesoro venerable; por ello su fabricación, hechura y proporciones imitan las imágenes con particular rigor. El nombre de la caldera alude a la rectitud; los antiguos interpretaban «fang» (cuadrado/orientación) como rectitud cabal.
En cuanto a su figura, las asas se yerguen enfrentadas arriba, las patas se asientan divididas abajo; en su redondez, dentro y fuera, alto y bajo, grueso y delgado, no hay nada que no guarde una norma y alcance la suma rectitud; solo tras lograr la suma rectitud se consuma la imagen de estabilidad y majestad.
Por ello la caldera es un utensilio modelado según las sagradas imágenes, y el hexagrama es La caldera en virtud de su imagen.